Informació sobre aquesta entitat. Col.lecta NADAL 2.011 2. 731'50 euros Parròquia Ntra.Sra. dels Dolors 932'16 " Parròquia de Crist Rei 857'57 " Parròquia de Sant Pau 4.521'23 euros TOTAL

ASSEMBLEA “FI DE CURS” 2017

AL  COL·LEGI   DE   "LA   SALLE" 

ORDE   DEL   DIA:

Convidats   pel   Rector,   cada   grup   ha   "exposat"  el   seu   treball   i   missió…:

 

AQUESTES  SÓN  LES   ÀREES INTERPARROQUIALS DE MANACOR

 

Càritas

 

Pastoral de la salut:

  • Comunió malalts i persones majors a domicili.

  • Visita a l'hospital.

 

Vida Consagrada:

  • Sagrada Família – Benedictines

  • Sant Francesc – Franciscanes

  • La Salle – Hnos.

  • La Puresa – Hnas.

  • Verge Consagrada

 

Àrea d'economia

 

Àrea d'evangelització i missió:

  • Camí Neocatecumenal

  • Confraries

 

Equip de litúrgia:

  • Acòlits

  • Hostiaris

  • Lectors

  • Coros

  • Escolans

 

Àrea de catequesis:

  • Prematrimonials

  • Bateig

  • Comunió

  • Confirmació – grup Emaús

 

 

 

Grups de pregària i escolta de la Paraula:

  • Vida Creixent

  • Cursillos de Cristiandat

  • Lectio Divina

  • Adoració Nocturna

PREGÀRIA:  

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TEMPS DURANT L’ANY

DIUMENGE   17º  del  TEMPS  ORDINARI:

La    solució no són els diners, sinó la solidaritat.

 Josep Llunell

 

Segons l’evangelista Marc, els deixebles es desentenen d’aquella gent necessitada i li diuen a Jesús dues paraules que posen en evidència la seva falta de solidaritat i el seu crescut individualisme clarament egoista. 
“Acomiadeu-los, que vagin als poblets i que es comprin el menjar.”

Què vol dir això?
–que la fam de la gent no és problema d’ells
–que cadascú s’espavili pel seu compte.

I, què respon Jesús?
Jesús els respon amb unes paraules realment sorprenents. Els diu: “Doneu-los menjar vosaltres mateixos.”
És a dir, no s’ha d’acomiadar ningú en aquestes condicions de necessitat real. 
És el grup de deixebles el que s’ha de preocupar d’aquesta gent necessitada.

La veritable solució no està en els diners, està en la solidaritat.
Amb diners, només menjaran els que tinguin la bossa plena.
Perquè mengin tots és absolutament necessari compartir el que hi ha. 
Davant les paraules de Jesús, el grup dels deixebles reacciona.

Un noi té cinc pans de civada i un parell de peixos. No és molt. Però, el que hi ha, està a disposició de tots. 
Jesús pronuncia l’acció de gràcies a Déu i els posa en una nova dimensió. Ja no pertanyen ni al noi ni als deixebles: són un regal de Déu.

Ningú té dret a acaparar mentre hi hagi algú que passi gana.
¿Hi ha en el món realitat més escandalosa i absurda que la fam i la misèria de tantes persones?
¿Hi ha realitat més injusta i més inhumana que la nostra glaçada indiferència?
¿Hi ha realitat més contrària a l’evangeli que desentendre’ns dels que moren de fam?

Si realment som solidaris, segur que compartirem.
Què compartim, nosaltres?

 

 

Nuestro gran pecado

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque solo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿Quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿Hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿Se producirá algún día ese «milagro» de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

José Antonio Pagola

17 Tiempo Ordinario – B
(Juan 6,1-15)

26 de julio 2015

 

 

 

 

 

 

Crucero de lujo en Gijón

Puesto que ninguna riqueza es inocente, tanta riqueza tuvo que haber dejado muchas víctimas por el camino y mucha explotación injusta de la Tierra.

Juan 6,1-15:


Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" (lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer). Felipe le conteste "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo". Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo". Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron, sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo le acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discí­pulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo", Jesús entonces, sabiendo que iban a lle­várselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo".

Querido Hermano Jesucristo:

Leyendo este Evangelio se me vienen la mente muchas cosas:

1ª.-Hoy no hace falta que vengas a la tierra a multiplicar los panes y los peces, pues ella es más que suficiente para alimentarnos de sobra a todos, si le dejamos y le ayudamos. De lo que sí tenemos mucha, muchísima, falta es de que multipliques nuestra justicia y nuestra generosidad para compartir los bienes de la tierra con todos, pero eso no es cosa tuya, es cosa nuestra, pues el año 2014 hemos tirado a la basura 1.400.000 toneladas de comida útil, y no ser como esos turistas que llegaron estos días a Gijón en un crucero-barco-residencia lujosísimo para el que aportaron desde 1 millón a 6 millones de € cada uno según el lujo del apartamento escogido, aparte entre mil y cuatro mil euros diarios por alquiler, y en el que permanecen una media de 4 meses al año, algunos incluso el año entero, aparte de contar con coche y chofer o autobús lanzadera al llegar a cada puerto para recorrer la ciudad correspondiente. Como ves, Jesús, unos pocos lo tienen todo, y todos los demás migajas o nada. Si ninguna riqueza es inocente, tanta riqueza tuvo que haber dejado muchas víctimas por el camino y mucha explotación injusta de la Tierra. No se dan cuenta que vamos todos en la misma nave espacial, que es nuestro planeta, donde ellos, que son el 1 %, viajan en primera, el 24 % en segunda, y el 75 % restante en la bodega. Si ellos, que tienen el dinero y el poder, siguen alimentando tanta desigualdad y tanta injusticia, pronto habrá rebelión en la bodega y nos estrellaremos todos, también ellos, pues este planeta, el más bello de todos los conocidos, no va a aguantar tanto mal que, ellos los primeros y sus multinacionales, le estamos causando en sus hijos y en sus bienes.

2ª.-Tu mandaste recoger los trozos que había sobrado para que nada se perdiera. También el año 2014 hemos tirado a la basura 1.600.000 Tn. de ropa. ¡Qué despilfarro mientras millones de personas mueren de frío o achicharradas de calor por no tener con qué protegerse! Tirar ropa o cominda a la basura es un crimen contra los seres humanos y la Madre Tierra.

3ª.-Este Evangelio también nos recuerda tu Eucaristía: Tu Eucaristía era sentarnos todos en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan. Pero ¡qué lejos estamos de eso! Unos llenos de lujos como esos turistas, y otros llenos de miseria; unos encima de la mesa, llena a rebosar de todo, y los demás debajo aplastados por ella y por ellos y sus multinacionales con falta de todo, principalmenten en el Tercer Mundo.

4ª.-Todos los millones de personas que asistimos en el mundo cada domingo a la Eucaristía, ¿cuándo nos haremos la misma pregunta que te hiciste tu: “con qué comparemos panes para que coman estos”? Tu sabías lo que ibas a hacer y nosotros hoy también sabemos lo que hay que hacer para quitar el hambre del mundo. Tu lo hiciste, pero nosotros no lo hacemos: estamos demasiado tranquilos, con la fe encerrada en las iglesias adornadas de retablos, imágenes, luces, flores, manteles, pinturas, ropas incluso lujosas…, incluso con algún clérigo madrileño blanqueando dinero en paraísos fiscales, pero no salimos a fuera a gritar contigo en los empobrecidos de la Tierra: “tengo hambre y no me das de comer, tengo frío y no me das vestido, estoy enfermo y no me atiendes, soy emigrante y no me acoges, estoy en la cárcel por culpa tuya y no vienes a verme”.

5ª.-“Había mucha hierba verde en aquel sitio”: esta Madre Tierra, a cuyos seres vivos nos une a todos una misma base genética que nos hace hermanos de todos los seres vivos, está enferma, tiene fiebre, está sedienta, carente de más vida, explotada por la contaminación, la deforestación, la desaparición de especies, el avance de los desiertos: somos sus hijos predilectos, los humanos, a los que tantos miles de años le costó producir, los que la estamos maltratando, dañando, hiriendo. Somos muy injustos con ella. Jesús, en tu primera Eucaristía nos diste tu mandamiento más importante: amarnos unos a otros. Que todos sintamos la necesidad de amarnos de verdad unos a otros, a todos y a todo, incluso a “los lirios o la hierba del campo que hoy es y mañana desaparece” (Lucas 12,27-28), para que en este mundo “todos y toda la creación tengamos cada vez más vida y vida en abundancia (Juan 10,10), hasta que lleguemos todos con toda la creación a la plenitud definitiva.

Un cordial abrazo a tod@s.-Fausino

 

 

 

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FUNDACIÓ “TROBADA”

Memòria IMAS (Institut Mallorquí d'Afers Socials) 2014

 

FundacióTrobada inclosa a la xarxa d'Inclusió Social a la Memòria 2014 de l'Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS).

La Memòria de l'IMAS de 2014 a la página 94 descriu el servei d'acollida de l'alberg de Manacor, com a part integrant de la xarxa d'ìnclusió social del Consell de Mallorca. Diu literalment així:

 

"ALBERG DE MANACOR FUNDACIÓ TROBADA
 
La xarxa es dota d'aquest programa ja que es confirma que de cada vegada ens trobam amb més gent que, sense ser encara dins processos greus d'exclusió social per la pèrdua de la feina i de l'habitatge, queden desemparades i sense sostre.
 
 Si a aquest fet hi afegim que des del municipi de Palma només s'atenen les persones empadronades en el municipi, l'IMAS es veu en la necessitat de dotar-se d'un servei que pugui atendre les persones en risc d'exclusió social de la part forana de Mallorca.
 
El programa no pretén res més que ser un alberg d'acollida per a persones en situació de risc d'exclusió per a donar cobertura a la part forana mallorquina. 
Està obert tots els dies de l'any i els seu horari és a partir de les 18 hores fins a les 9 del matí següent, amb un total de 25 places.
 
 
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ALBERG “FUNDACIÓ TROBADA”

ALBERG:

El Albergue de Manacor   atendió en junio una media de 16,4 personas sin techo cada día lo que supone 492 servicios de cena, merienda y cama
El mes de Junio en el Albergue de Manacor entraron 11 personas y salieron 6. Un incremento de 5 personas es el resultado del movimiento de altas y bajas del mes de Junio del Albergue de personas sin techo de Manacor.
AGENCIA MANACORNOTICIAS 05/07/2015 – 07:22:00
 
 
 
 
 
 
 
Lo gestiona la Fundación Trobada (cortesía de la familia García Prohens que son el alma de este servicio y proyecto social) y que pertenece a la red de inclusión social del Consejo de Mallorca.
 
Datos recientes del movimiento del Albergue de la Fundación Trobada: El mes de Junio en el Albergue de Manacor entraron 11 personas y salieron 6. Un incremento de 5 personas es el resultado del movimiento de altas y bajas del mes de Junio del Albergue de personas sin techo de Manacor  que gestiona la Fundación Trobada y que pertenece a la red de inclusión social del Consejo de Mallorca.
De estas 11 personas 5 eran hombres de nuevo ingreso, de los cuales 2 eran españoles y 3 extranjeros extracomunitarios, y 6 eran reingresados. La media de pernoctas han sido de 16,40 usuarios por día y el total mensual, al igual que raciones de cena y merienda han sido de 492.
De estas 11 personas 5 eran hombres de nuevo ingreso, de los cuales 2 eran españoles y 3 extranjeros extracomunitarios, y 6 eran reingresados. La media de pernoctas han sido de 16,40 usuarios por día.
Al mes de Juny a l'alberg de Manacor entraren 11 persones i en sortiren 6. Un increment de 5 persones és el resultat del moviment d'altes i baixes del mes de Juny de l'Alberg de persones sense sostre de Manacor que gestiona la Fundació Trobada i que pertany a la xarxa d'inclusió social del Consell de Mallorca.
D'aquestes 11 persones 5 eren homes de nou ingrés, dels quals 2 eren espanyols i 3 estrangers extracomunitaris, i 6 eren reingressats. La mitjana de pernoctes han estat de 16,40 usuaris per dia i el total mensual, al igual que racions de sopar i berenar han estat de 492.
 

 

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CRÍTICA SOCIAL

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MEMÒRIA CARITAS

TROBADA  D'AGENTS  DE  CARITAS

Divendres horabaixa es trobaren a Petra més de dos centenars de voluntaris i treballadors contractats, juntament amb algun responsable de parròquia, per tancar el curs 2014-2015 i compartir plegats unes hores de reflexió i de festa. La Memòria 2014 presentada dies enrere al mitjans de comunicació en roda de premsa i que duu per encapçalament el repte dels Objectius del Mil·lenni amb la constatació que encara queda molt per fer… fou el contingut que acaparà l’atenció dels assistents quan va ser presentada per la directora i administradora de Càritas Margalida Maria Riutort i Sebastiana Santmartí, respectivament. Fou un moment de reconeixement del treball dut a terme per tots els agents que fan possible la vida de servei de Càritas a la nostra Mallorca.

Els diferents equips de professionals havien preparat vuit racons de bones pràctiques que foren presentats als assistents a la trobada com a mostra de vuit accions significatives que Càritas està realitzant en aquests moments i que d’una manera plàstica foren exposades a diferents indrets de les Escoles Velles de Petra. La valoració dels qui varen recórrer diferents racons fou més que positiva. El treball esmerat i exposat amb diverses modalitats pels equips de professionals va destacar per la seva qualitat i gràcia.

La trobada va concloure compartint una estona de pregària i llavors una taula ben plena de plats salats aportats pels mateixos assistents i complementats amb uns dolços que els voluntaris d’acció social de la parròquia de Petra prepararen amb delicadesa i abundància. La música escoltada i ballada posava el colofó a una trobada de germanor que donava per conclòs un curs intens i esforçat per part dels agents que formen la gran família de Càritas Mallorca.

 

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CORPUS CHRISTI

 

AVISOS 6-7 JUNY

–  AVUI COL·LECTA PER CARITAS DIOCESANA

–  El dimarts dia 9 de juny a les 20’30 h. a can Vallespir hi haurà una trobada de tots els agents de pastoral per donar a conèixer el pla de catequesi contínua elaborat per  la Comissió de l’Àrea de Catequesi i que ja ha estat acceptat pel Consell de Pastoral interparroquial. És una proposta de procés de fe que abastaria des dels 10 als 19 anys. L’acte està obert a tothom.

 

 

 

VIDA   NUEVA

 

La caridad, expresión irrenunciable de nuestra fe

Siete cauces prácticos para vivir hoy la caridad

Vicente Altaba Gargallo, Delegado episcopal de Cáritas española

 

Próximos a celebrar la solemnidad del Corpus Christi (7 de junio), el autor nos invita a descubrir por qué fe y caridad están íntimamente relacionadas y se enriquecen y verifican mutuamente. Una relación tan estrecha y fecunda entre ambas que empuja a dar cauce al compromiso caritativo y social al que nos convoca la Iglesia en el Día de Caridad. Dios, que ama la justicia y manifiesta la entraña de su amor en la compasión y la misericordia, nos llama a trabajar por los pobres con la fuerza revolucionaria de la ternura y a ser signos de su acción liberadora en el mundo.

 

 “Sed misericordiosos…”

Cuando vamos a celebrar la fiesta del Corpus Christi y, en ella, el Día de la Caridad, me viene a la memoria el saludo de Pablo a los cristianos de Tesalónica: “Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente y sigue aumentando el amor mutuo de todos y cada uno de vosotros” (2 Tes 1, 3).

¡Qué bonito saludo el de Pablo! Un saludo que tendríamos que hacer nuestro, pues poder dar gracias a Dios porque la fe crece vigorosamente y porque esa fe se manifiesta en el aumento del amor mutuo, en la caridad que crece en todos y cada uno de nosotros, tendría que ser nuestro empeño en el Día de la Caridad.

……..    …….

 

 

 

"LA   CENA   DEL   SENYOR"

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola

Cuerpo y Sangre de Cristo – B
(Marcos 14,12-16.22-26)

07 de junio 2015

 

 

 

Jesús no seleccionava els seus convidats. Corpus

Josep Llunell

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Corpus. Cicle B.
 7 de juny de 2015.

Nosaltres parlem de “Missa” o “d’Eucaristia”.
Però, els primers cristians l’anomenaven “el sopar del Senyor” o, fins i tot, “la taula del Senyor”.
Tenien encara molt present que celebrar l’Eucaristia no és sinó actualitzar el sopar que Jesús va compartir amb els seus deixebles el vespre abans de la seva execució.

Però aquell últim sopar va ser, de fet, l’últim d’una llarga cadena de dinars i sopars que Jesús acostumava a celebrar amb tota mena de persones.
Els àpats tenien entre els jueus un caràcter netament sagrat que avui a nosaltres se’ns escapa i no el captem.
Per això, la millor manera de prendre’l és asseure’s a la taula en actitud d’acció de gràcies i compartint el pa i el vi com el que realment som: germans.
El menjar no era solament per alimentar-se. Era el millor moment per a sentir-se tots units i en comunió amb Déu, sobretot el dia sagrat del dissabte.

Per això els jueus no s’asseien a taula amb qualsevol.
En concret, no es menjava amb estranys o desconeguts.
I encara menys amb pecadors, impurs o gent menyspreable.

Per contrast, l’actuació de Jesús va resultar sorprenent i escandalosa.
Per què?
Perquè Jesús no seleccionava els seus convidats.
S’asseia a taula amb publicans, deixava que se li apropessin prostitutes i gent de mal viure, menjava amb gent impura -segons la llei jueva- i amb marginats de tota mena.

Acollia aquestes persones no com a moralista rigorós sinó com a veritable amic.
La seva taula, quan la tenia, estava oberta a tothom, sense excloure ningú.
El seu missatge era ben clar i engrescador: En el cor de Déu tothom hi té lloc.

Després de 20 segles de Cristianisme, l’Eucaristia pot semblar avui una celebració pietosa reservada només a persones modèliques, exemplars i virtuoses.
Sembla que només puguin combregar gent d’ànima pura.
Però, com sempre, com en temps de Crist, la taula del Senyor està oberta i és accessible a tots i a totes.

Quins són els veritables destinataris de l’Eucaristia?
Per a qui és l’Eucaristia?
L’Eucaristia és per a persones abatudes i humiliades que anhelen i necessiten un respir i la pau.
L’Eucaristia és per a pecadors que busquen la reconciliació i el perdó, el consol i l’estímul per a practicar el bé i les bones obres.
L’Eucaristia és per a persones que malviuen amb el cor destrossat i tenen fam d’amistat i d’amor.

Jesús no ve ni roman a l’altar de les nostres esglésies pels justos sinó pels pecadors.
Jesús no s’ofereix als que estan bons o s’ho pensen, sinó als malalts i desesperançats.
Jesús ens acull sempre. No perquè ho meresquem, sinó perquè el necessitem.

En som conscients nosaltres, d’això?
Sabem i volem agrair-ho?
De quina manera i amb quin esperit combreguem nosaltres?
La comunió ens fa sentir germans universals?
Realment ens hi comportem

 

 

 

 

 

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DÉU ÉS AMOR

 

PREGÓ DE LES FIRES I FESTES DE PRIMAVERA

en el marc de les Fires i Festes de Primavera 2015

PREGÓ DE LES FIRES I FESTES DE PRIMAVERA

 

 

 

 

 

 

Pregoner: Mn. Andreu Genovart Orell, rector de Manacor
Amb l’actuació de la coral infantil Ars Antiqua
“En Patufet”, amb arranjament musical de Xavier Gelabert, i ball dels Moretons, amb arranjament musical de Josep Ros
Lloc: claustre de Sant Vicenç Ferrer

29 maig  a  les  20'30 h.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMUNICACIONS:  30-31 DE MAIG

         A les col·lectes realitzades en les misses de la festa del  Sant Crist per pagar els nous amplificadors, vàrem recaptar 2.232’53 euros, quantitat més que suficient per cobrir el seu cost. Moltissimes de gràcies! Ara podrem escoltar la paraula de Déu amb un so quasi perfecte!

       –   Dissabte,  6 JUNY ,  hi ha la pujada dels malalts a Lluc.

           Hi anirem en cotxes particulars. La partida és a les 9'30 ja que la missa que presidirà el Sr. Bisbe és a les 11’30. Les persones interessades en participar-hi convé que ens avisin d’aquí a dijous.

        –    Dissabte dia 6 celebrarem la festa del Corpus.

    – La missa solemne serà a la Parròquia dels Dolors a les 20 h.          

  –  Processó pels carrers de costum;

Aquest dia la col·lecta serà per Càritas diocesana.

 

 

 

 

 

AMOR  vol   dir:  – QUI   ESTIMA

                    – L'ESTIMAT       {       – AMOR  MUTU

                          

                          

Lo  esencial del Credo

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas. Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados, Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo. Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo. Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

José Antonio Pagola

Santísima Trinidad – B
(Mateo 28,16-20)

31 de mayo 2015

CREURE  EN  DÉU  =   MISTERI    D'AMOR

 

Santíssima Trinitat. Cicle B

31 de maig de 2015

El misteri de Déu supera infinitament el que la ment humana pugui captar.
Però Déu ha creat el nostre cor amb un desig infinit de buscar-lo a Ell, l’Únic, de tal manera que no trobarà consol eficaç ni repòs segur si no és en Déu. El nostre cor, amb el seu desig insaciable d’estimar i de ser estimat, ens obre una escletxa, una fissura per a poder intuir el misteri inefable de Déu.

En el seu deliciós relat de El Petit Príncep Antoine de Saint-Exupéry fa aquesta sàvia afirmació: “Només amb el cor es pot veure bé; l’essencial és invisible als ulls.”
És una forma bella d’exposar la intuïció dels teòlegs medievals: “Ubi amor, ibi est oculus”: A on hi regna l’amor, allà hi ha ulls que saben veure-hi.
Sant Agustí ho havia dit segles abans d’una manera més directa: “Si veus l’amor, veus la Trinitat.”

Quan el cristianisme parla de la Trinitat vol dir que Déu, en el seu misteri més íntim, és amor compartit, estimació compartida.
Déu no és una idea fosca i abstracta
– no és energia oculta, amagada
– no és una força perillosa
– no és un ésser solitari i sense fesomia
– no és un rostre apagat, indiferent
– no és una substància freda, impenetrable.

Déu és Tendresa desbordant d’amor.
Aquest Déu trinitari és font i cim de tota tendresa.
La tendresa inscrita en la persona humana té el seu origen i terme en la Tendresa que constitueix el misteri de Déu.

Per això la tendresa no és un sentiment més,
– és signe de maduresa i vitalitat interior
– brolla d’un cor lliure, capaç d’oferir i de rebre amor
– un cor “semblant” al de Déu.

La tendresa és el segell, l’empremta, l’encuny més clar de Déu en la creació, el que expressa el grau d’humanitat d’una persona.

Aquesta tendresa s’oposa frontalment a dues actituds molt esteses en la nostra cultura actual:
1. la duresa de cor entesa i viscuda
–com a barrera
–com a mur
–com apatia
–com a indiferència i fredor davant l’altre

2. i el replec sobre un mateix, és a dir:
–l’egocentrisme ferotge
–l’absència d’interès i de sol·licitud en la recerca del bé real de l’altre i dels altres.

El món es troba avui davant d’una grandiosa alternativa entre
–la cultura de la tendresa i, per tant, de l’amor i de la vida
–o una cultura de l’egoisme i, per tant, de la freda i muda indiferència, de la violència i de la mort.

Els que creiem en la Santíssima Trinitat sabem i tenim ben clar què hem de promoure, què hem de fomentar, de què hem d’examinar-nos i què hem d’exigir-nos.
En una paraula: tendresa viva en comptes de fredor glaçadora.

La vivim nosaltres aquesta tendresa?
Sabem oferir-la amb naturalitat espontània i sincera?
No es tracta de fer comèdia sinó de procedir sincerament i d’actuar amb noble franquesa.

Actuar així, encara que ens la refusin.
Actuar així, encara que ens la critiquin.
Actuar així, encara que en malparlin.

Són ells els que sortiran perdent-hi.

 

 

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BULA DE LA MISERICÒRDIA

MISERICORDIAE  VULTUS

Misericordiae Vultus

"Nadie puede convertirse en el juez del propio hermano"

 

 

 

Misericordiae Vultus, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

 Francisco, obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios. A cuantos lean esta carta. Gracia, misericordia y paz.

 

1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico de misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como « Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona[1] revela la misericordia de Dios.

2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado.

3. Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.

El Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Esta fiesta litúrgica indica el modo de obrar de Dios desde los albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona. En la fiesta de la Inmaculada Concepción tendré la alegría de abrir la Puerta Santa. En esta ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza.

El domingo siguiente, III de Adviento, se abrirá la Puerta Santa en la Catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán. Sucesivamente se abrirá la Puerta Santa en las otras Basílicas Papales. Para el mismo domingo establezco que en cada Iglesia particular, en la Catedral que es la Iglesia Madre para todos los fieles, o en la Concatedral o en una iglesia de significado especial se abra por todo el Año Santo una idéntica Puerta de la Misericordia. A juicio del Ordinario, ella podrá ser abierta también en los Santuarios, meta de tantos peregrinos que en estos lugares santos con frecuencia son tocados en el corazón por la gracia y encuentran el camino de la conversión. Cada Iglesia particular, entonces, estará directamente comprometida a vivir este Año Santo como un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual. El Jubileo, por tanto, será celebrado en Roma así como en las Iglesias particulares como signo visible de la comunión de toda la Iglesia.

4. He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia. Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre.

Vuelven a la mente las palabras cargadas de significado que san Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio para indicar el camino a seguir: « En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella »[2]. En el mismo horizonte se colocaba también el beato Pablo VI quien, en la Conclusión del Concilio, se expresaba de esta manera: « Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad … La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio … Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas … Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades »[3].

Con estos sentimientos de agradecimiento por cuanto la Iglesia ha recibido y de responsabilidad por la tarea que nos espera, atravesaremos la Puerta Santa, en la plena confianza de sabernos acompañados por la fuerza del Señor Resucitado que continua sosteniendo nuestra peregrinación. El Espíritu Santo que conduce los pasos de los creyentes para que cooperen en la obra de salvación realizada por Cristo, sea guía y apoyo del Pueblo de Dios para ayudarlo a contemplar el rostro de la misericordia[4].

5. El Año jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro. ¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.

6. « Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia »[5]. Las palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no sea en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios. Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: « Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón »[6] Dios será siempre para la humanidad como Aquel que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso.

"Paciente y misericordioso" es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción. Los Salmos, en modo particular, destacan esta grandeza del proceder divino: « Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de gracia y de misericordia » (103,3-4). De una manera aún más explícita, otro Salmo testimonia los signos concretos de su misericordia: « Él Señor libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y levanta al caído; el Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda; el Señor ama a los justos y entorpece el camino de los malvados » (146,7-9). Por último, he aquí otras expresiones del salmista: « El Señor sana los corazones afligidos y les venda sus heridas […] El Señor sostiene a los humildes y humilla a los malvados hasta el polvo » (147,3.6). Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor "visceral". Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón.

7. "Eterna es su misericordia": es el estribillo que acompaña cada verso del Salmo 136 mientras se narra la historia de la revelación de Dios. En razón de la misericordia, todas las vicisitudes del Antiguo Testamento están cargadas de un profundo valor salvífico. La misericordia hace de la historia de Dios con su pueblo una historia de salvación. Repetir continuamente "Eterna es su misericordia", como lo hace el Salmo, parece un intento por romper el círculo del espacio y del tiempo para introducirlo todo en el misterio eterno del amor. Es como si se quisiera decir que no solo en la historia, sino por toda la eternidad el hombre estará siempre bajo la mirada misericordiosa del Padre. No es casual que el pueblo de Israel haya querido integrar este Salmo, el grande hallel como es conocido, en las fiestas litúrgicas más importantes.

Antes de la Pasión Jesús oró con este Salmo de la misericordia. Lo atestigua el evangelista Mateo cuando dice que « después de haber cantado el himno » (26,30), Jesús con sus discípulos salieron hacia el Monte de los Olivos. Mientras instituía la Eucaristía, como memorial perenne de su él y de su Pascua, puso simbólicamente este acto supremo de la Revelación a la luz de la misericordia. En este mismo horizonte de la misericordia, Jesús vivió su pasión y muerte, consciente del gran misterio del amor de Dios que se habría de cumplir en la cruz. Saber que Jesús mismo hizo oración con este Salmo, lo hace para nosotros los cristianos aún más importante y nos compromete a incorporar este estribillo en nuestra oración de alabanza cotidiana: "Eterna es su misericordia".

8. Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. « Dios es amor » (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión.

Jesús, delante a la multitud de personas que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde la profundo del corazón una intensa compasión por ellas (cfr Mt 9,36). A causa de este amor compasivo curó los enfermos que le presentaban (cfr Mt 14,14) y con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt 15,37). Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: « Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc 5,19). También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia. Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre los de Mateo. Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce. San Beda el Venerable, comentando esta escena del Evangelio, escribió que Jesús miró a Mateo con amor misericordioso y lo eligió: miserando atque eligendo[7]. Siempre me ha cautivado esta expresión, tanto que quise hacerla mi propio lema.

9. En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.

De otra parábola, además, podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: « No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete » (Mt 18,22) y pronunció la parábola del "siervo despiadado". Este, llamado por el patrón a restituir una grande suma, lo suplica de rodillas y el patrón le condona la deuda. Pero inmediatamente encuentra otro siervo como él que le debía unos pocos centésimos, el cual le suplica de rodillas que tenga piedad, pero él se niega y lo hace encarcelar. Entonces el patrón, advertido del hecho, se irrita mucho y volviendo a llamar aquel siervo le dice: « ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti? » (Mt 18,33). Y Jesús concluye: « Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos » (Mt 18,35).

La parábola ofrece una profunda enseñanza a cada uno de nosotros. Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Apóstol: « No permitan que la noche los sorprenda enojados » (Ef 4,26). Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. « Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia » (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo.

Como se puede notar, la misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser un palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.

10. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive un deseo inagotable de brindar misericordia »[8]. Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable; la Iglesia no obstante necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa. Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado. Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza.

11. No podemos olvidar la gran enseñanza que san Juan Pablo II ofreció en su segunda encíclica Dives in misericordia, que en su momento llegó sin ser esperada y tomó a muchos por sorpresa en razón del tema que afrontaba. Dos pasajes en particular quiero recordar. Ante todo, el santo Papa hacía notar el olvido del tema de la misericordia en la cultura presente: « La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de misericordia parecen producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, como nunca fueron conocidos antes en la historia, se ha hecho dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado (cfr Gn 1,28). Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia … Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios »[9].

Además, san Juan Pablo II motivaba con estas palabras la urgencia de anunciar y testimoniar la misericordia en el mundo contemporáneo: « Ella está dictada por el amor al hombre, a todo lo que es humano y que, según la intuición de gran parte de los contemporáneos, está amenazado por un peligro inmenso. El misterio de Cristo … me obliga al mismo tiempo a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios, revelado en el mismo misterio de Cristo. Ello me obliga también a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta difícil, crítica fase de la historia de la Iglesia y del mundo »[10]. Esta enseñanza es hoy más que nunca actual y merece ser retomada en este Año Santo. Acojamos nuevamente sus palabras: « La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia – el atributo más estupendo del Creador y del Redentor – y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora »[11].

12. La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno. En nuestro tiempo, en el que la Iglesia está comprometida en la nueva evangelización, el tema de la misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral. Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre.

La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.

13. Queremos vivir este Año Jubilar a la luz de la palabra del Señor: Misericordiosos como el Padre. El evangelista refiere la enseñanza de Jesús: « Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso » (Lc 6,36). Es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz. El imperativo de Jesús se dirige a cuantos escuchan su voz (cfr Lc 6,27). Para ser capaces de misericordia, entonces, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida.

14. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros.

El Señor Jesús indica las etapas de la peregrinación mediante la cual es posible alcanzar esta meta: « No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque seréis medidos con la medida que midáis » (Lc 6,37-38). Dice, ante todo, no juzgar y no condenar. Si no se quiere incurrir en el juicio de Dios, nadie puede convertirse en el juez del propio hermano. Los hombres ciertamente con sus juicios se detienen en la superficie, mientras el Padre mira el interior. ¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidia! Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme. No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo. Sin embargo, esto no es todavía suficiente para manifestar la misericordia. Jesús pide también perdonar y dar. Ser instrumentos del perdón, porque hemos sido los primeros en haberlo recibido de Dios. Ser generosos con todos sabiendo que también Dios dispensa sobre nosotros su benevolencia con magnanimidad.

Así entonces, misericordiosos como el Padre es el "lema" del Año Santo. En la misericordia tenemos la prueba de cómo Dios ama. Él da todo sí mismo, por siempre, gratuitamente y sin pedir nada a cambio. Viene en nuestra ayuda cuando lo invocamos. Es bello que la oración cotidiana de la Iglesia inicie con estas palabras: « Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme » (Sal 70,2). El auxilio que invocamos es ya el primer paso de la misericordia de Dios hacia nosotros. Él viene a salvarnos de la condición de debilidad en la que vivimos. Y su auxilio consiste en permitirnos captar su presencia y cercanía. Día tras día, tocados por su compasión, también nosotros llegaremos a ser compasivos con todos.

15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr Mt 25,31-45). Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de violencia que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas. En cada uno de estos "más pequeños" está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga … para que nosotros los reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado. No olvidemos las palabras de san Juan de la Cruz: « En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor »[12].

16. En el Evangelio de Lucas encontramos otro aspecto importante para vivir con fe el Jubileo. El evangelista narra que Jesús, un sábado, volvió a Nazaret y, como era costumbre, entró en la Sinagoga. Lo llamaron para que leyera la Escritura y la comentara. El paso era el del profeta Isaías donde está escrito: « El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor » (61,12). "Un año de gracia": es esto lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir. Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta: llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer. Nos acompañen las palabras del Apóstol: « El que practica misericordia, que lo haga con alegría » (Rm 12,8).

17. La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19).

Las páginas del profeta Isaías podrán ser meditadas con mayor atención en este tiempo de oración, ayuno y caridad: « Este es el ayuno que yo deseo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no abandonar a tus semejantes. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: « ¡Aquí estoy! ». Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si partes tu pan con el hambriento y sacias al afligido de corazón, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan » (58,6-11).

La iniciativa "24 horas para el Señor", de celebrarse durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis. Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior.

Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva. Cada uno de nosotros ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado. No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido delante de la misericordia del Padre que no conoce confines. No harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia.

18. Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo. Se dejarán conducir en su misión por las palabras del Apóstol: « Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos » (Rm 11,32). Todos entonces, sin excluir a nadie, están llamados a percibir el llamamiento a la misericordia. Los misioneros vivan esta llamada conscientes de poder fijar la mirada sobre Jesús, « sumo sacerdote misericordioso y digno de fe » (Hb 2,17).

Pido a los hermanos Obispos que inviten y acojan estos Misioneros, para que sean ante todo predicadores convincentes de la misericordia. Se organicen en las Diócesis "misiones para el pueblo" de modo que estos Misioneros sean anunciadores de la alegría del perdón. Se les pida celebrar el sacramento de la Reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna. Los Pastores, especialmente durante el tiempo fuerte de Cuaresma, sean solícitos en el invitar a los fieles a acercarse « al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia » (Hb 4,16).

19. La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar.

La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es una obra de las tinieblas, sostenida por la sospecha y la intriga. Corruptio optimi pessima, decía con razón san Gregorio Magno, para indicar que ninguno puede sentirse inmune de esta tentación. Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia.

¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante a tantos crímenes cometidos, escuchad el llanto de todas las personas depredadas por vosotros de la vida, de la familia, de los afectos y de la dignidad. Seguir como estáis es sólo fuente de arrogancia, de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto de lo que ahora pensáis. El Papa os tiende la mano. Está dispuesto a escucharos. Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia.

20. No será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor. La justicia es un concepto fundamental para la sociedad civil cuando, normalmente, se hace referencia a un orden jurídico a través del cual se aplica la ley. Con la justicia se entiende también que a cada uno debe ser dado lo que le es debido. En la Biblia, muchas veces se hace referencia a la justicia divina y a Dios como juez. Generalmente es entendida como la observación integral de la ley y como el comportamiento de todo buen israelita conforme a los mandamientos dados por Dios. Esta visión, sin embargo, ha conducido no pocas veces a caer en el legalismo, falsificando su sentido originario y oscureciendo el profundo valor que la justicia tiene. Para superar la perspectiva legalista, sería necesario recordar que en la Sagrada Escritura la justicia es concebida esencialmente como un abandonarse confiado en la voluntad de Dios.

Por su parte, Jesús habla muchas veces de la importancia de la fe, más bien que de la observancia de la ley. Es en este sentido que debemos comprender sus palabras cuando estando a la mesa con Mateo y sus amigos dice a los fariseos que lo contestaban porque comía con los publicanos y pecadores: « Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores » (Mt 9,13). Ante la visión de una justicia como mera observancia de la ley que juzga, dividiendo las personas en justos y pecadores, Jesús se inclina a mostrar el gran de don de la misericordia que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación. Se comprende porque en presencia de una perspectiva tan liberadora y fuente de renovación, Jesús haya sido rechazado por los fariseos y por los doctores de la ley. Estos, para ser fieles a la ley, ponían solo pesos sobre las espaldas de las persona, pero así frustraban la misericordia del Padre. El reclamo a observar la ley no puede obstaculizar la atención por las necesidades que tocan la dignidad de las personas.

Al respecto es muy significativa la referencia que Jesús hace al profeta Oseas -« yo quiero amor, no sacrificio ». Jesús afirma que de ahora en adelante la regla de vida de sus discípulos deberá ser la que da el primado a la misericordia, como Él mismo testimonia compartiendo la mesa con los pecadores. La misericordia, una vez más, se revela como dimensión fundamental de la misión de Jesús. Ella es un verdadero reto para sus interlocutores que se detienen en el respeto formal de la ley. Jesús, en cambio, va más allá de la ley; su compartir con aquellos que la ley consideraba pecadores permite comprender hasta dónde llega su misericordia.

También el Apóstol Pablo hizo un recorrido parecido. Antes de encontrar a Jesús en el camino a Damasco, su vida estaba dedicada a perseguir de manera irreprensible la justicia de la ley (cfr Flp 3,6). La conversión a Cristo lo condujo a ampliar su visión precedente al punto que en la carta a los Gálatas afirma: « Hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley » (2,16). Parece que su comprensión de la justicia ha cambiado ahora radicalmente. Pablo pone en primer lugar la fe y no más la ley. El juicio de Dios no lo constituye la observancia o no de la ley, sino la fe en Jesucristo, que con su muerte y resurrección trae la salvación junto con la misericordia que justifica. La justicia de Dios se convierte ahora en liberación para cuantos están oprimidos por la esclavitud del pecado y sus consecuencias. La justicia de Dios es su perdón (cfr Sal 51,11-16).

21. La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer. La experiencia del profeta Oseas viene en nuestra ayuda para mostrarnos la superación de la justicia en dirección hacia la misericordia. La época de este profeta se cuenta entre las más dramáticas de la historia del pueblo hebreo. El Reino está cercano de la destrucción; el pueblo no ha permanecido fiel a la alianza, se ha alejado de Dios y ha perdido la fe de los Padres. Según una lógica humana, es justo que Dios piense en rechazar el pueblo infiel: no ha observado el pacto establecido y por tanto merece la pena correspondiente, el exilio. Las palabras del profeta lo atestiguan: « Volverá al país de Egipto, y Asur será su rey, porque se han negado a convertirse »
(Os 11,5). Y sin embargo, después de esta reacción que apela a la justicia, el profeta modifica radicalmente su lenguaje y revela el verdadero rostro de Dios: « Mi corazón se convulsiona dentro de mí, y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas. No daré curso al furor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque soy Dios, no un hombre; el Santo en medio de ti y no es mi deseo aniquilar » (11,8-9). San Agustín, como comentando las palabras del profeta dice: « Es más fácil que Dios contenga la ira que lamisericordia »[13].

Si Dios se detuviera en la justicia dejaría de ser Dios, sería como todos los hombres que invocan respeto por la ley. La justicia por sí misma no basta, y la experiencia enseña que apelando solamente a ella se corre el riesgo de destruirla. Por esto Dios va más allá de la justicia con la misericordia y el perdón. Esto no significa restarle valor a la justicia o hacerla superflua, al contrario. Quien se equivoca deberá expiar la pena. Solo que este no es el fin, sino el inicio de la conversión, porque se experimenta la ternura del perdón. Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está a la base de una verdadera justicia. Debemos prestar mucha atención a cuanto escribe Pablo para no caer en el mismo error que el Apóstol reprochaba a sus contemporáneos judíos: « Desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el que cree » (Rm 10,3-4). Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo. La Cruz de Cristo, entonces, es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre el mundo, porque nos ofrece la certeza del amor y de la vida nueva.

22. El Jubileo lleva también consigo la referencia a la indulgencia. En el Año Santo de la Misericordia ella adquiere una relevancia particular. El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible por medio del misterio pascual y de la mediación de la Iglesia. Así entonces, Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada. Todos nosotros, sin embargo, vivimos la experiencia del pecado. Sabemos que estamos llamados a la perfección (cfr Mt 5,48), pero sentimos fuerte el peso del pecado. Mientras percibimos la potencia de la gracia que nos transforma, experimentamos también la fuerza del pecado que nos condiciona. No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados tienen en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado.

La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dos, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (cfr Ap 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de encontrar la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo, porque el perdón es extendido hasta las extremas consecuencias a la cual llega el amor de Dios. Vivamosintensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa.

23. La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el Islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios. Israel primero que todo recibió esta revelación, que permanece en la historia como el comienzo de una riqueza inconmensurable de ofrecer a la entera humanidad. Como hemos visto, las páginas del Antiguo Testamento están entretejidas de misericordia porque narran las obras que el Señor ha realizado en favor de su pueblo en los momentos más difíciles de su historia. El Islam, por su parte, entre los nombres que le atribuye al Creador está el de Misericordioso y Clemente. Esta invocación aparece con frecuencia en los labios de los fieles musulmanes, que se sienten acompañados y sostenidos por la misericordia en su cotidiana debilidad. También ellos creen que nadie puede limitar la misericordia divina porque sus puertas están siempre abiertas.

Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación.

24. El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.

Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación » (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María. Esto nos servirá de consolación y de apoyo mientras atravesaremos la Puerta Santa para experimentar los frutos de la misericordia divina.

Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.

Nuestra plegaria se extienda también a tantos Santos y Beatos que han hicieron de la misericordia su misión de vida. En particular el pensamiento se dirige a la grande apóstol de la misericordia, santa Faustina Kowalska. Ella que fue llamada a entrar en las profundidades de la divina misericordia, interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar siempre en el perdón de Dios y en la inquebrantable confianza en su amor.

25. Un Año Santo extraordinario, entonces, para vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros. En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene.

En este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: « Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos » (Sal 25,6).

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de abril, Vigilia del Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, del Año del Señor 2015, tercero de mi pontificado.

Franciscus

 

 

 

 

 

 

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SETMANA SANTA I PASQUA

PARAULA   DE  PAPA:

"La pedra del dolor s’ha mogut deixant espai per a l’esperança. Aquest és el gran misteri de la Pasqua!"

Audiència general del papa Francesc a la plaça de Sant Pere del Vaticà. Dimecres 1 d'abril de 2014

Estimats germans i germanes, bon dia!.

Demà és Dijous Sant. A la tarda, amb la Santa Missa “en la Cena del Senyor”, començarà el Tridu Pasqual de la passió, mort i resurrecció de Crist, que és la culminació de tot l’any litúrgic i també la culminació de la nostra vida cristiana.

El Tridu s’obre amb la commemoració del Sant Sopar. Jesús, la vigília de la seva passió, va oferir al Pare el seu cos i la seva sang sota les espècies del pa i del vi i, donant-los com aliment als Apòstols, els va manar que en perpetuessin l’oferta en memòria seva. L’Evangeli d’aquesta celebració, recordant el lavatori dels peus, expressa el mateix significat de l’Eucaristia des d’un altre punt de vista. Jesús –com un servent– renta els peus de Simó Pere i dels altres onze deixebles (cfr Jn 13,4-5). Amb aquest gest profètic, els expressa el sentit de la seva vida i de la seva passió, com a servei a Déu i als germans: «El Fill de l’home no ha vingut a ser servit, sinó a servir» (Mc 10,45).

Això també va passar en el nostre Baptisme, quan la gràcia de Déu ens ha rentat del pecat i ens revesteix de Crist (cfr Col 3,10). Això succeeix cada vegada que fem el memorial del Senyor en l’Eucaristia: fem comunió amb el Crist Servent per obeir el seu manament, el d’estimar-nos com Ell ens ha estimat (cfr Jn 13,34; 15,12). Si ens acostem a la santa Comunió sense estar sincerament disposats a rentar-nos els peus els uns als altres, nosaltres no reconeixem el Cos del Senyor. És el servei de Jesús que es lliura totalment a si mateix.

Després, el dia següent, en la litúrgia del Divendres Sant meditem el misteri de la mort de Crist i adorem la Creu. En els últims moments de vida, abans de lliurar el seu esperit al Pare, Jesús va dir: «S’ha complert!» (Jn 19,30). Què vol dir aquesta paraula?, que Jesús diu: “S’ha complert”? Significa que l’obra de la salvació s’ha complert, que totes les Escriptures troben la seva plena realització en l’amor de Crist, Anyell immolat. Jesús, amb el seu Sacrifici, ha transformat la major iniquitat en el més gran amor.

A través dels segles hi ha homes i dones que amb el testimoni de les seves vides reflecteixen un raig d’aquest amor perfecte, ple, incontaminat. M’agrada recordar un heroic testimoni dels nostres dies, Don Andrea Santoro, sacerdot de la diòcesi de Roma i missioner a Turquia. Pocs dies abans de ser assassinat a Trebisonda, escrivia: «Sóc aquí per habitar enmig d’aquesta gent i permetre a Jesús de fer-ho a través meu… Hom esdevé capaç de salvació només oferint la pròpia carn. Es porta el mal del món i es comparteix el dolor, absorbint-los en la pròpia carn fins el fons, com ho va fer Jesús» (A. Polselli, Don Andrea Santoro, le eredità, Città Nuova, Roma 2008, p. 31). Aquest exemple d’un home dels nostres temps, i tants altres, ens ajuden a oferir la nostra vida com un do d’amor als germans, a imitació de Jesús. I també avui hi ha tants homes i dones, veritables màrtirs que ofereixen la seva vida amb Jesús per confessar la fe, només per aquest motiu. És un servei, servei del testimoniatge cristià fins a la sang, servei que ens ha fet el Crist: ens ha redimit fins al final. Aquest és el significat d’aquella paraula “S’ha complert”. Que bonic seria que tots nosaltres, quan acabi la nostra vida, amb els nostres errors, els nostres pecats, també amb les nostres bones obres, amb el nostre amor al proïsme, poguéssim dir al Pare com Jesús: “S’ha complert”; no amb la perfecció amb què Ell ho va dir, però dir: “Senyor, he fet tot el que he pogut. S’ha complert”. Adorant la Creu, mirant Jesús, pensem en l’amor, en el servei, en la nostra vida, en els màrtirs cristians, i també ens farà bé pensar en la fi de la nostra vida. Ningú de nosaltres sap quan succeirà això, però podem demanar la gràcia de poder dir: “Pare, he fet el que podia. He complert”.

El Dissabte Sant  és el dia en el qual l’Església contempla el “repòs” de Crist en la tomba després del combat victoriós de la creu. El Dissabte Sant l’Església, altra vegada, s’identifica amb Maria: tota la seva fe queda recollida en Ella, la primera i perfecta deixeble, la primera i perfecta creient. En la foscor que envolta la creació, només Ella té encesa la flama de la fe, esperant contra tota esperança (cfr Rm 4,18) en la Resurrecció de Jesús.

I en la gran Vetlla Pasqual, en la qual ressona altra vegada l’Alleluia, celebrem Crist Ressuscitat centre i fi de l’univers i de la història; vetllem plens d’esperança esperant el seu retorn, quan la Pasqua tindrà la seva plena manifestació.

A vegades sembla que la foscor de la nit penetri en l’ànima; a vegades pensem: “ara no hi ha res més a fer”, i el cor ja no troba la força d’estimar… Però en aquesta foscor Crist encén el foc de l’amor de Déu: una resplendor trenca la foscor i anuncia un nou inici, quelcom comença en la foscor més profunda. Nosaltres sabem que la nit  és “més nit”, és més fosca abans que comenci el dia. Però en aquella foscor és Crist qui guanya i qui encén el foc de l’amor. La pedra del dolor s’ha mogut deixant espai per a l’esperança. Aquest és el gran misteri de la Pasqua! En aquesta santa nit l’Església ens lliura la llum del Ressuscitat, perquè en nosaltres no hi hagi la tristor de qui diu, “ara…”, sinó l’esperança de qui s’obre a un present ple de futur: Crist ha vençut la mort, i nosaltres amb Ell. La nostra vida no s’acaba davant de la llosa d’un sepulcre, la nostra vida va més enllà amb l’esperança en Crist que ha ressuscitat realment d’aquell sepulcre. Com a cristians estem cridats a ser sentinelles del matí, que saben veure els senyals del Ressuscitat, com ho van fer les dones i els deixebles que van anar a la tomba en trencar l’alba del primer dia de la setmana.

Estimats germans i germanes, en aquests dies del Tridu Sant no ens limitem a commemorar la passió del Senyor, sinó que entrem en el misteri, fem nostres els seus sentiments, els seus compromisos, com ens invita a fer-ho l’apòstol Pau: «Tingueu en vosaltres els mateixos sentiments de Crist Jesús” (Fil 2,5). Aleshores la nostra serà una “bona Pasqua”.

 

 

 

DIJOUS    SANT

 

 

 

 

 

D I J O U S       S A N T   

 

 

 

 

 

 

 

 

DIVENDRES   SANT:D I V E D R E S     S A N T

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SORTIDA  DE  LA  PROCESSÓ

(els  capellans  porten  el  sepulcre)

 

 

 

 

PASQUA  }   RESURRECCIÓ

 

 

 

 

 

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